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Una conversación con Andrés Jaque. Sobre la importancia del mando de la tele y otras pequeñas cosas.

 

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Entre cajas y después de una  mudanza contactamos con Andrés Jaque, arquitecto que dirige en Madrid dos oficinas de arquitectura de corte  y modos de trabajar distintos. Oficinas en las que se tratan temas de diferente naturaleza,  profundizando e investigando los procesos sociales que se producen en la cotidianeidad del día a día …

Andrés, tú estás a cargo de  dos estudios  en Madrid. Nos puedes explicar cómo están organizados, cuanta gente trabaja contigo y como se relacionan e  interactúan entre ellos.

Si, efectivamente son dos oficinas, una es Andrés Jaque Arquitectos y otra la Oficina de Innovación Política. Con los mismos intereses y objetivos compartidos pero con estrategias de socialización especializadas y muy diferentes.

La principal diferencia es que en la Oficina de Innovación Política maximizamos el riesgo, esto significa que trabajamos intentando  explotar al máximo aquellos aspectos que son más inciertos de lo que podemos detectar de la actualidad y está, por supuesto,  comprometida con  entender la arquitectura como una actividad política, no ideológica, sino política como reflexión sobre todos  los procesos a través de los cuales la gente, manteniendo las disputas abiertas, puede convivir y con ciertas garantías. Garantías como un reparto de la representación pública que tienda a la equidad, la durabilidad de los pactos o la transparencia de los marcos legales.  

La segunda oficina es Andrés Jaque Arquitectos; es una oficina de arquitectura que desarrolla proyectos específicos:  propuestas de concursos, encargos públicos y privados. En este caso tenemos que avalar que el riesgo está controlado y que las cosas que estamos proponiendo tienen muchas expectativas de resultar exitosas.

Esa es la principal diferencia. Luego, en términos organizativos, también son completamente diferentes. La oficina Andrés Jaque Arquitectos funciona como un estudio más o menos convencional. Hay ahora mismo 6 personas que trabajan en ella, y hay también una red de colaboradores externos, de consultores, de socios, que no son solamente los típicos colaboradores de los  arquitectos. Nosotros trabajamos mucho con economistas, con publicistas, con periodistas, con expertos en marketing, con sociólogos, con politólogos como colaboradores o consultores, igual que tradicionalmente las oficinas trabajan con ingenieros o con consultorías de sostenibilidad o de cálculo de estructuras.

Sin embargo la Oficina de Innovación Política funciona como una red de confianza, en ese sentido lo que hacemos es hacer muy transparentes los debates sobre los que estamos trabajando y por supuesto lo que intentamos es enrolar en cada una de las investigaciones a personas que son expertas y que además tienen  una  posición controvertida sobre los temas que estamos tratando. Lo que hacemos entonces es proponer debates.

Por ejemplo un debate que tenemos en activo es “Ecologizar no es verdear “, es decir,  un lema que nos hemos inventado.  Lo que hacemos es publicitarlo a saco de manera que las personas que tengan algo que decir lleguen a nosotros y se conviertan en socios de la Oficina de Innovación Política. Otro lema que tenemos es  “What´s  architecture in a technologically rendered society?”  Y esto nos ha permitido, conectarnos con gente como Andrew Barry, gente del entorno de Michelle Callon y Bruno Latour y hacer investigaciones  con ellos más o menos duraderas.

La Oficina de Innovación Política funciona más como una especie de club de disputa.

Los principales objetivos de la Oficina de Innovación Política son desestabilizar las certidumbres con las que solemos trabajar los arquitectos y los canales de invasión o de conexión con el resto de la sociedad. Por un lado en  la Web (tenemos un blog que actualizamos bastante a menudo), pero también la creación de disputas abiertas  es fundamental. Parten en muchos casos de lemas que en un instante puedan desestabilizar una idea hasta entonces cristalizada de manera poco crítica. También organizamos  cursos, talleres, encuentros, incluso una plataforma de pensamiento y transformación de la ciudad de Madrid que dirigimos junto a Ariadna Cantis en la Casa Encendida: Piensa Madrid. (http://www.lacasaencendida.es )

Estas son las dos organizaciones,  que tienen objetivos diferentes,  pero por supuesto están en permanente promiscuidad.

Muchos de los conceptos que hemos desarrollado en la Oficina de Innovación Política se han convertido en grandes temas de trabajo para Andrés Jaque Arquitectos. No existe un divorcio entre una y la otra. En AJA  tratamos exactamente los mismos temas, lo que pasan es que cuando llegan a nuestra oficina de arquitectura, ya sabemos mucho mas de ellos.

Tupper Home

Tupper Home

 Entonces, ¿los colaboradores de Andrés Jaque Arquitectos  son los mismos de Oficina de Innovación Política?

No necesariamente, algunos sí, por ejemplo Pablo Hurlé es un sociólogo que forma parte de la Oficina de Innovación Política, pero también ha trabajado en proyectos de Andrés Jaque Arquitectos.

Son promiscuidades o transvases  que están siempre construidos, no es una cosa automática. Y desde luego los ritmos y las formas de organizarnos son completamente diferentes.

O sea que existe un intercambio pero  siguen  siendo oficinas separadas. ¿Crees  que esto depende  del hecho de que nuestra profesión todavía no está lista para tener elementos tan innovadores y está más anclada en una visión tradicional?

No, pienso que es simplemente una forma de socializar la innovación que yo creo que optimiza en cierta manera las posibilidades o bien de éxito o de fracasos, ambos monitorizables y útiles para generar conocimiento sistemático.

La innovación requiere espacios muy diferentes pero conectados. Espacios en los que  se pueda ensayar todo, y se pueda ensayar de manera que todos los resultados  puedan ser medidos con mucha precisión.  También necesita espacios en los que se puede crear confianza, en los que se debe crear confianza, y otros como persigue la Oficina de Innovación Política, en que se produzcan rupturas o desestabilizaciones. Rupturas claras con formas de pensamiento que de alguna manera están lastrando la innovación.  Y por último también es verdad que son necesarios espacios donde se produzcan ensamblajes. Es decir lugares en que se puedan crear alianzas entre lo que ya existe y  lo que queremos  que exista, en un proceso que introduzca criterios de precaución. Esto es lo que principalmente hacemos en Andrés Jaque Arquitectos.

Estas son las diferentes caras de la innovación y para mi es fundamental que existan instituciones especializadas en tratar cada una de ellas. Lo que por supuesto es importantísimo es que tengan cierta conexión, que existan canales para el trasvase de experiencia y conocimiento entre estas agencias.

¿Cómo nacen estos procesos o proyectos experimentales  como por ejemplo un  traje para una  Tecno Geisha, o la TupperHome? ¿Qué tipo de clientes encargan un proyecto de este tipo y como os contactan?

Nosotros siempre nos diseñamos nuestros clientes, no esperemos a que nos llamen.

Esa es una diferencia total que creo es generacional. Incluso, cuando un cliente llama a nuestra puerta, nosotros lo rediseñamos. Porque por ejemplo, al diseñar en estos momentos  una casa particular, en realidad estamos trabajando no solamente para el propietario de la casa, si no para todos los que se verán afectados por  la construcción de esta casa, estamos tomando como cliente  al medioambiente, al agujero de ozono, a las generaciones futuras… Todo eso implica que los arquitectos en estos momentos nos diseñamos a nuestros clientes y de esta manera también los buscamos.

Ahora estamos desarrollando dos proyectos en los que nos hemos visto obligados a construir campos de posibilidades que hagan de clientes.

 El primero es un proyecto de investigación, y al mismo tiempo de diseño, sobre las casas compartidas. Ahora mismo es un fenómeno interesantísimo, es probablemente de las cosas más importantes que han ocurrido en la UE en los últimos 20 años. Fenómenos como la proliferación de un mercado transnacional de trabajadores y las nuevas formas de des-localizar los estudios universitarios (como los programas Erasmus o Seneca)  han tenido una directa implicación en la forma en que las ciudades se usan. El tejido de viviendas compartidas crezca de manera exponencial. En estos momentos más de 80 millones de personas viven en casas compartidas. Las casas compartidas, por la forma de vida que promueven son la verdadera capital de la Unión Europea. Una ciudad fragmentada pero conectada por Easy Jet, Messenger y Western Union.

La forma en que se vive en estas casas desafía este principio del Sweet Home porque la casa ya no es ese lugar despolitizado, es el mismo centro, ahora, de la arena política. Todas las controversias y preocupaciones públicas importantes pasan por casas compartidas. Y claro, para eso nosotros nos estamos diseñando nuestro cliente, nosotros tomamos como cliente un cliente que no tiene arquitectos, que está formado por una masa cambiante de 80 millones de personas.

Pero lo que nos damos cuenta es que lo de menos es realmente  llegar a construir casas compartidas, lo que nos interesa es estudiarlo y movilizar toda esta experiencia como un capital hacia la arquitectura. Hemos conseguido el enrolamiento  de la fundación Mies van der Rohe, de Costrumat, de un montón de empresas que están trabajando con nosotros, desarrollando incluso productos específicos. Como Escofet, Grandhermetic o Industrias Navarrete. Pero también nuestro objetivo final es que esto se convierta en un proyecto de la Unión Europea.

The Rolling House

Rolling House

Otro ejemplo es el de “All Age City”. Es un proyecto  que es otro segundo fenómeno que  a mí me parece ineludible en estos momentos, lo  llevamos analizando desde hace bastante tiempo: el envejecimiento de la población en el mundo.

Los avances en medicina, en dieta, en salubridad, y las condiciones de vida en las ciudades han tenido una influencia decisiva en la expectativa de vida de la población, lo que unido al descenso de la natalidad implicará que en 20 años la población de mayores se triplicará en el mundo. Esto va a ser una transformación estructural, sobre todo si tenemos en cuenta que en estos momentos  la inserción  social de la vejez es tremenda. Está basada en una idea de segregación espacial, económica y social. Espacial porque las personas mayores  tienden a ser recluidas al interior de sus viviendas o a resorts  especiales, centros geriátricos, con variaciones de grado por supuesto dependientes de la capacidad económica individual y del país del que reciban prestaciones. También es una segregación económica porque dejan de ser productivos  y por tanto en poco tiempo sufren una descapitalización abrumadora. Y por supuesto social. Los mayores ven reducida enormemente su grado de interacción interpersonal, sus vinculaciones afectivas, su nivel de asociacionismo, su enrolamiento en procesos públicos e incluso sus relaciones familiares.

Es necesario intervenir en estos procesos y lo que estamos haciendo, en asociación con la oficina MOHO,   en esta idea de fabricar nuevos clientes,  que la ciudad de Murcia vaya a convertirse en una ciudad piloto de la red de ciudades comprometidas con urbanizar la vejez que hemos llamado: “ALL AGE CITY”. Empezamos a tener  contactos para que esto se convierta en un proyecto de desarrollo en Europa, que cree una cadena de ciudades en las que una  persona mayor  tenga por ejemplo movilidad en las ciudades de la Unión Europa, y encuentre en todo el territorio de la UE la posibilidad de formar parte de la vida pública, de manera intensa; y de desplazarse y cambiar su lugar de vida igual que en estos momentos puede hacerlo un estudiante.

Pero claro  todos estos son proyectos en los que primero planteamos la red de asociaciones que es necesaria  para instalarlo en el día a día y luego intentamos enrolarles,  y eso es lo que a mí me fascina, esta forma de trabajar. En mi opinión crear esa sociedad en que el pegamento es un compromiso o un proyecto de calidad compartida es lo que en estos momentos es la arquitectura. Uno de los lemas que difundimos es “Architecture is the making of societies experimenting what quality is about”. Esto lo aprendimos con el proyecto de las Tupper Homes.

También es un buen recurso, en la situación actual ir y  buscarse a los clientes.

 Si claro, es la forma de trabajar, en realidad hay tantas situaciones que requieren el trabajo del arquitecto, que simplemente hay que ponerse a trabajar y en cuanto se genera confianza, las oportunidades de contratación o convertir un inicio en un proyecto que sea además económicamente sostenible es algo relativamente fácil, si se le dedica el suficiente tiempo.

El que viene estudiando una situación cuenta con una buena posición para encontrar acuerdos con otros agentes para  intervenir en ella.  He observado que muchos arquitectos de nuestra generación no queremos ser una piececita en el engranaje de organizaciones iluminadas por maestros de la arquitectura, no tenemos esa pretensión, lo que queremos ser  es agentes dentro de las sociedades, de sus problemas y de las situaciones que salen en las primeras páginas de los periódicos y que a todos nos preocupan.

En el momento actual están naciendo muchos colectivos,  de arquitectos y multidisciplinares,  que reivindican la distancia entre la arquitectura y la política que gestiona nuestras ciudades y decide quien, cuando y que se va a construir. ¿Cuál es tu posición,  crees que  hay que marcar esta distancia?

Yo creo que en estos momentos  trabajamos con sociedades que están enormemente estructuradas. Pensar que la sociedad es una especie de masa informe que está dirigida únicamente por una mano negra es una visión simplemente desinformada de lo que ocurre ahora mismo.

Nuestras sociedades  están enormemente construidas, de manera simultáneamente formal e informal, pero construidas.  Por tanto existen numerosos resortes para intervenir en ellas. No digo por supuesto que no estemos rodeados de situaciones injustas, de situaciones inmorales, por supuesto, pero también es verdad que en un mundo políticamente construido,  las puertas de acceso pueden ser desafiadas. Es decir: la visibilidad, el manifiesto, la propuesta, la asociación, la intervención en los órganos de representación, la denuncia, el premio o el reconocimiento; todo esto son herramientas que están a disposición de los arquitectos. Pero el efecto que a medio plazo crean los “cómos” es generalmente más duradero que el de los “qués”.  Nuestro trabajo debería reforzar y aumentar la representatividad de los pactos sociales, no destruirlos, aunque sea en aras de una acción aparentemente justa. La verdadera revolución es una institucionalización compleja y garantista del día a día.

 Podemos diseñar dispositivos que hagan visibles las realidades que deben mejorar, podemos elevar propuestas, podemos hacer denuncias, podemos incluso convertir un asunto en una prioridad pública. Los arquitectos tenemos una gran visibilidad y contamos con cierto prestigio social. Es posible intervenir en los procesos en los que la sociedad se construye, por supuesto es agotador, no tiene rentabilidad directa a corto plazo, pero así es la acción ciudadana y creo que los arquitectos podemos elegir entre hacer concursos de “arquitecto”,  trabajar en las pequeñas excepciones que más o menos están ya habilitadas como por ejemplo hacer sólo museos de arte contemporáneo,  o realmente participar también en la construcción del presente. Si lo vamos a hacer,  creo que tenemos que trabajar también con las herramientas de acción pública que existen y que están ya desarrolladas, de igual manera que trabajan los activistas, las personas que trabajan con ONGs,  para contribuir a construir tejidos sociales posibilistas.

En ese sentido has mencionado una cosa que me parece importante señalar: se habla mucho de lo colectivo en arquitectura e incluso de los colectivos de arquitectos. Se identifica a los colectivos como esas personas que trabajan más o menos juntas, en grupo, yo he escrito sobre ellos y me interesa muchísimo. Pero me parece que es necesario ir todavía más lejos porque la noción del arquitecto solitario simplemente no existe.  No existe una acción arquitectónica que no implique la construcción de una sociedad, cualquier acción arquitectónica implica la movilización de muchísimo dinero, implica asociación con muchos otros profesionales, implica que toda una sociedad se ocupe de definir un programa y colaborar o asociarse con el arquitecto en el desarrollo de este programa, afectará a la vida de muchas personas y de muchos grupos que con el tiempo transformarán lo que el arquitecto pensó. Implica un montón de cosas que finalmente hacen que la acción arquitectónica solo pueda ocurrir de manera colectiva y creo que,  insistir en esto nunca está de más, porque es importante que expliquemos que esta cualidad colectiva implica muchos elementos, implica, por ejemplo,  que los objetivos de las intervenciones o la permanente descripción de su funcionamiento es un asunto que se define en grupo o en colectivo también, que la evaluación del éxito hay que hacerla también activando a todo este colectivo, involucrándolos en la evaluación de si eso ha funcionado o no, incluso la transformación posterior de lo que ya se ha construido tiene que ser una labor también colectiva. Y por tanto será una labor siempre disputada. Estas culturas de lo colectivo, de la disputa y de lo que nunca acaba, creo que plantean un escenario muy diferente en nuestro trabajo, que tendrá consecuencias emocionantes.

Casa Sacerdotal Diocesana en Plasencia

Casa Sacerdotal Diocesana en Plasencia

En tus proyectos insertas pequeños elementos, o dispositivos, que crean  nuevas  relaciones entre el usuario y el edificio y, también, entre los usuarios mismos. Elementos como el banco carretilla o  los huertos numerados en la casa sacerdotal… que  tienen un efecto directo en la manera de vivir el edificio y en las relaciones que se crean entre la gente que lo habita. ¿Cómo nace y se desarrolla  tanto cuidado en los detalles?

Sí, yo estoy de acuerdo con Mies van der Rohe en que Dios, si existiese  estaría en los detalles.  Lo que pasa es que para mí lo importante es la dimensión sociopolítica de las decisiones en detalle. En el detalle es donde se construyen las relaciones entre los diferentes actores que contribuyen a crear una situación. Me parece fundamental trabajar definiendo de manera exhaustiva aquello que regula una situación: si la madera viene de comerciantes comprometidos con la reforestación compensatoria, si la piedra ha tenido que viajar y por tanto tiene un coste energético añadido altísimo, si la red de saneamiento contribuye a complejizar el tejido vegetal de un territorio o si en el futuro será un sistema adaptable a realidades que ahora ni siquiera conocemos.

 Todo esto es lo que creo que determina en muchos casos la construcción de una situación. Siendo herederos de una cultura de dispersión de los habitantes de la ciudad, a través de todos estos modelos de ciudad difusa  que ha tenido tanto éxito en la construcción de la periferia de los últimos 50 años, todavía  nos quedan estos espacios como lugares donde es posible desarrollar programas urbanos, urbanísticos.

Yo podría  trabajar toda mi vida diseñando simplemente cuartos de estar.

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 Respecto a cómo se hace, creo que los arquitectos debemos dejar muy claro cuál es nuestra forma de trabajar y perseguirla.

En ese sentido las estrategias de diseño y de construcción  pueden diseñarse de manera que el acento se ponga allá donde es necesario. En el caso de la Casa Sacerdotal  Diocesana de Plasencia nosotros dejamos muy claro que podíamos hacer una estructura relativamente sencilla pero después sería necesario que muchos de los elementos pequeños estuviesen diseñados con mucho cuidado. Esto no significa que fuesen preciosistas, porque son elementos que la mayoría  fueron construidos en talleres casi de pueblo, pero estaban diseñados para generar relaciones interhumanas y  entre ellos mismos, entre los objetos, relaciones  innovadoras, y que promoviesen sobretodo el debate político, la disputa, la toma de decisiones, la manifestación.

Eran todos objetos, que para poder ser utilizados, era necesario que el que los utilizara discutiese con otros humanos y dejase claro y negociase  cuál era su forma de entender las cosas. Lo que me gusta llamar una “arquitectura parlamento”. Y a mí me parece muy bonito porque de hecho he seguido este proyecto y aunque algunos no han funcionado, por supuesto,  pero otros sí, y  se han convertidos en objetos de controversia, que es lo que a mí me interesa.

También es lo más divertido…

Claro, es lo más divertido. A mí me encanta hablar del mando a distancia de la tele.

 Si yo tuviese que elegir el Central Park de la ciudad de periferia que me ha tocado, como a casi todos, vivir, un espacio de socialización significativo, me parece  que sería el mando a distancia de la tele. Porque el mando a distancia es un objeto que genera muchas controversias, muchas discusiones en las casas; precisamente porque es el catalizador de las manifestaciones, porque cuando alguien quiere poner fútbol  y tiene que defender porque el fútbol tiene que pasar por delante del documental de  National Geographic , está haciendo visible una escala de valores, una forma de entender el mundo que tiene que discutir, a lo mejor con su hermana que quiere ver un reportaje de National Geographic o su padre que quiere ver un programa del corazón. Y estas discusiones son, para mí, parlamentos del día a día que solamente ocurren porque existe este dispositivo que llamamos mando a distancia.

¿Cómo ves la arquitectura española respecto al resto de Europa? ¿Notas el mismo  interés en otros países respecto al  aspecto sociológico y político de la arquitectura?

Lo primero que tengo que decir es que yo creo que las distinciones nacionales han perdido cierta vigencia. Es verdad que las utilizamos en la vida cotidiana, pero también es verdad que siendo un poco rigurosos en mi oficina probablemente más del 70% de la gente que ha trabajado desde que  empecé no tiene nacionalidad española y muchos de los encargos que hemos tenido no estaban hechos por clientes españoles y  algunos incluso no se desarrollan en territorio español. He estudiado y dado clases en universidades del Reino Unido, Alemania, Colombia, Argentina; he dado casi tantas conferencias en España como fuera de España, leo libros y blogs, y chateo cada día con gente que nunca ha venido por aquí…es decir, nos movemos realmente en un contexto en el que es difícil decir que una oficina de arquitectura, que insisto en que necesariamente va a ser una pequeña sociedad,  es de un país concreto. Me parece que es una situación preciosa porque tiene algo de selvático, como que cualquier pequeña masa de acción es necesariamente transnacional. Es uno de los grandes temas en estos momentos.

Pero es verdad que los estudios  tienden a tener un domicilio postal y se puede hacer una pequeña reflexión sobre esto. Yo creo que hay una generación de arquitectos europeos, latinoamericanos (conozco especialmente el caso de Colombia y Argentina), estadounidenses… jóvenes  que a mí personalmente me interesan muchísimo, muchos son completamente anónimos.  Me parece que simplemente vivimos un tiempo desafiante, lleno de cosas nuevas, de situaciones que antes eran impensables; el desarrollo de las redes de intercambio de comunicación y de acción colectiva está dejándonos a todos un marco de acción lleno de retos y capacidades; también es verdad que hay nuevas controversias públicas y nuevas urgencias que nos soliviantan.

Por otro lado, nuestras prácticas no pueden dejar de habitar en las diferentes crisis a las que nos enfrentamos en estos momentos: la crisis de petróleo, la crisis del cambio climático, las crisis medioambientales, la crisis del pensamiento colonial y orientalista, y por supuesto la crisis de los mercados financieros. Estamos en un momento en que nuestra profesión es muy necesaria; y desde luego existen frentes específicos con grupos de trabajo con planteamientos y construcciones socialmente útiles que debemos celebrar en localizaciones muy diferentes. También es verdad que en algunos países esta gente interesante es muy visible y tiene mucho protagonismo, y creo que en España la tenemos, y en otros países está un poco más emboscada o tiene más dificultades para encontrar un canal con el mundo de la visibilidad mediática.

Como ocurre en el Reino Unido, donde las grandes empresas hacen que sea muy difícil la visibilidad de otras más pequeñas.

Si, y sobre todo,  en muchos casos son oficinas que monopolizan la imagen pública de la arquitectura, haciendo pensar a mucha gente que “arquitectura” es lo que hacen estas grandes empresas, cuando en realidad arquitectura es también lo que hace Jason Griffith, por poner un ejemplo de un arquitecto joven británico que trabaja de una manera muy interesante.

Tú eres una persona que lee mucho. ¿Me puedes decir 3 libros que crees sean imprescindibles para un arquitecto?

Sí, me encanta leer. Leer y escribir, que en mi caso son cosas asociadas.

Creo que cada uno debe construirse sus lecturas y no hay normas, pero para mí han sido muy influyente la obra de Bruno Latour, por ejemplo el libro  “Reassembling the Social” o los estudios de televisión de David Morley y Omar Rincón. O  últimamente la obra de  Slavoj Zizek, por ejemplo “En defensa de la Intolerancia”.

¿Cómo te organizas para encontrar tiempo para leer tanto?

Yo me organizo de una manera curiosa, trabajo de 8 a 15 de manera muy intensa en la oficina, en labores  de diseño, de gestión…; después por la tarde estoy en la oficina leyendo, escribiendo, pensando, dibujando; pero no me pongo al teléfono.

Es una fórmula que a mí me funciona fenomenal, como dividir siempre, crear espacios especializados. Es una fórmula, un poco, de perder el tiempo pero que a la larga es muy buena, porque te va dejando tiempo para aclarar las ideas, para proponer cosas. Este tiempo por la tarde es un trabajo más desoptimizado pero muy útil, ese tiempo es  el que me hace pensar que el trabajo pueda salir mejor, gracias a que hay una calma y un tiempo para dar un paso atrás y repensar todo ya sin prisas.

Para mí es muy importante diseñar muy bien los protocolos de trabajo. La gente que trabaja aquí tiene el mismo horario también, trabajan por las mañanas muy intensamente pero por la tarde cada uno tiene sus cosas, sus aficiones, sus lecturas, su música… Para mí es una fórmula de vida que incluso creo que sería muy útil socialmente, pensar que las jornadas de trabajo pueden reducirse de manera que puedas construir ciudadanos más activos en otras esferas. Creo que podría ser útil como estrategia para reactivar por ejemplo una ciudad con poca vida compartida.

http://andresjaque.net/wordpress

Silvia Polito – Space, Form, Words

Londres-Madrid 18.08.2009 

 

                                                                                                                                 


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